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sábado, 1 de mayo de 2010

Dia del trabajador

La izquierda a pretendido arrebatarle la clase obrera a la patria, para llevar adelante su plan de disolución nacional a traves de la desnacionalización de la clase que hace posible su sustento material. Se creen ademas que sos los unicos representantes de dicha clase. Desde aqui le queremos recordar a esa gente uno en la vida puede tener condición de trabajador u ocupar otro lugar en la comunidad, pero antes que todo todos nacemos con misma la condición, la de Argentinos.


J.M.Ledesma



1ro de Mayo de 1974, Perón les hace saber a los zurdos que no son dueños del día del trabajador ni de la representación de los mismos.




Discurso completo

"...Compañeros: hoy, hace veintiún años
que en este mismo balcón, y con un día luminoso como el de hoy, hablé por última vez a los trabajadores argentinos. Fue entonces cuando les recomendé que ajustasen sus organizaciones, porque venían días difíciles... No me equivoqué, ni en la apreciación de los días que venían, ni en la calidad de la organización sindical, que a través de veinte años, pese a esos estúpidos que gritan... Decía que a través de estos veintiún años, las organizaciones sindicales se han mantenido inconmovibles, y hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener más mérito que los que durante veinte años lucharon...Por eso compañeros, quiero que esta primera reunión del Día del Trabajador sea para rendir homenaje a esas organizaciones y a esos dirigentes sabios y prudentes que han mantenido su fuerza orgánica, y han visto caer a sus dirigentes asesinados, sin que haya todavía sonado el escarmiento...Compañeros, nos hemos reunido nueve años en esta misma plaza, y en esta misma plaza hemos estado todos de acuerdo en la lucha que hemos realizado por las reivindicaciones del pueblo argentino. Ahora resulta que, después de veinte años, hay algunos que todavía no están conforme de todo lo que hemos hecho...Compañeros, anhelamos que nuestro movimiento sepa ponerse a tono con el momento que vivimos. La clase trabajadora argentina, como columna vertebral de nuestro movimiento, es la que ha de llevar adelante los estandartes de nuestra lucha. Por eso compañeros, esta reunión, en esta plaza, como en los buenos tiempos debe afirmar decisión absoluta para que en el futuro cada uno ocupe el lugar que corresponde en la lucha que, si los malvados no cejan, hemos de hacer...Compañeros, deseo que antes de terminar estas palabras lleven a toda la clase trabajadora argentina el agradecimiento del gobierno por haber sostenido un pacto social que será salvador para toda la RepúblicaCompañeros, tras ese agradecimiento y esa gratitud puedo asegurarles que los días venideros serán para la reconstrucción nacional y la liberación de la nación y del pueblo argentino. Repito compañeros, que será para la reconstrucción del país y en esa tarea está empeñado el gobierno a fondo. Será también para la liberación, no solamente del colonialismo que viene azotando a la República a través de tantos años, sino también de estos infiltrados que trabajan de adentro, y que traidoramente son más peligrosos que los que trabajan desde afuera, sin contar que la mayoría de ellos son mercenarios al servicio del dinero extranjero...Finalmente compañeros, deseo que continúen con nuestros artistas que también son hombres de trabajo; que los escuchen y los sigan con alegría, con esa alegría de que nos hablaba Eva Perón, a través del apotegma de que en este país los niños han de aprender a reír desde su infancia...Queremos un pueblo sano, satisfecho, alegre, sin odios, sin divisiones inútiles, inoperantes e intrascendentes. Queremos partidos políticos que discutan entre sí las grandes decisiones..No quiero terminar sin antes agradecer la cooperación que le llega al gobierno de parte de todos los partidos políticos argentinos...Para finalizar compañeros, les deseo la mayor fortuna, y espero poder verlos de nuevo en esta plaza el 17 de Octubre.

viernes, 6 de marzo de 2009

La revolución "libertadora" y la masonería

Hace unos dias los compatriotas de la agrupación nacionalista aurora nos hizo llegar via mail un interesnate informe sobre el reconocimiento de la masoneria por parte del estado argentino.
Este nos parecio interesante por el hecho de que a partir de la autodenominada "revolucion libertadora" la masoneria comenzaria a tomar un impulso extraordinario.
Es sabido que historicamente el nacionalismo argentino se a encontrado dividido en cuanto asu posición con respecto al peronismo, si bien no tenemos nada contra los sectores antiperonistas del nacionalismo y a que a nosotros no nos interesa lo que piensen del pasado sino lo que queremos para el futuro, nos parece que estaria bueno que este sector vea cuales fueron los enemigos del peronismo y reflexionen si no era preferible apoyar a Peron con sus aciertos y sus errores, en vez de ese contubernio de masones, conservadores, liberales, "democratas", comunistas y socialistas que lo derrocaron.

Respuesta Nacionalista




A partir del año 1955 el movimiento masónico en Hispanoamérica toma un vigor inusitado. Existe un plan de vastos alcances. Es para adueñarse del poder social, político, económico y militar de las dependencias de servicio (los virreinatos del África Blanca). Y comenzaron por aquí, por el del Río de la Plata que, como siempre, es el conejillo de indias de los planes pilotos que fabrica e implementa la Patronal. Pero veámoslo mejor en esta secuencia cronológica que, con devoto cariño, he preparado:

23 de septiembre de 1955, Lonardi se instala como Jefe de la Involución Libertadora y pronuncia su Discurso-Programa de la Revolución Libertadora: allí se condensa, todo lo que no habría de hacer porque no quiso, no lo dejaron o porque antes lo echaron sin asco. Al cumplirse el 25° aniversario de este golpe de estado el Almirante Rojas explicó claramente, en su discurso pronunciado en el acto central llevado a cabo en Córdoba, que Aramburu y él no tenían ni tuvieron nada que ver con Lonardi, “ni pueden identificarse por ser antitéticos.” (Véase esta barbaridad en Marta Lonardi, Mi padre y la revolución del 55, Epílogo, pág. 303, Ed. Cuenca del Plata, Bs. As., 2 de octubre de 1980).

04 de octubre de 1955, un encumbrado cofrade de la masonería argentina le escribe a su jefe Fabián Onsari, residente a la sazón en Nueva York donde se encontraba recibiendo directivas, una curiosa carta que dice: “La Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, hizo un trabajo magnífico”, refiriéndose a la contribución hecha por la Iglesia para la caída de Perón. A esto no lo digo yo, varias veces tildado de fascista y de agente de la CIA. No. Lo dice un sacerdote ultra ortodoxo y antiperonista: el Padre Alberto J. Triana (Historia de la Masonería, pág. 324, Ed. Dedu, Buenos Aires, 11 de febrero de 1960. Aclaro: hay una edición de 1957 y otra de 1959).

07 de noviembre de 1955, Lonardi aprueba los Estatutos de la Masonería Argentina. Los católicos de aquel entonces dijeron que fue un error que le hicieron cometer al catolicísimo de don Ernesto. Pero cuando éste, supuestamente, se dio cuenta del fraude, no se enmendó ni nada parecido. Ni lo echó a su Ministro del Interior, el masón Busso que lo hizo meter la pata, ni su cofrade, el marxista y ácrata Muñiz (íntimo también de Lonardi) que entregó diarios, revistas, radios, escuelas, cooperativas y universidades a la pléyade bolchevique, porque decía estaban en manos de fascistas). Y los Estatutos entraron a regir hasta el día de hoy. Ninguno de los que vinieron le quisieron poner el cascabel a este gato por miedo de que se los coma crudos y sin aderezos.

13 de noviembre de 1955, después de la vergonzosa noche del 12 al 13 de noviembre y luego del veredicto dado por la Junta Consultiva sobre la persona de Lonardi, presidida por la británica Alicia Moreau de Justo, que votó la defenestración del Presidente (según lo cuenta Marta y Ernesto Lonardi en sendos libros), se instala el gobierno presidido por Aramburu y Rojas, ambos Grandes Maestres masones del Grado 33° en el REAAM.

17 de noviembre de 1955, La Masonería pide se reconozca su personería jurídica.

14 de diciembre de 1955, se otorga la Personería Jurídica a la Masonería Argentina con las firmas de Aramburu y de su ministro Laureano Landaburu.

15 de diciembre de 1955, Jordán Bruno Genta publica el que después será un clásico: ¿Democracia Cristiana o Masónica? Este antecedente es valioso. Porque Genta fue partidario de la Revolución Libertadora. Pero era un hombre honesto y un cristiano cabal. En dos meses ya había descubierto que la Revolución era una Involución.

23 de marzo de 1956, el Presidente Aramburu escribía un documento “comprometiendo su honor” a destruir “todos los vestigios de totalitarismo para restablecer el imperio de la moral, la justicia, del derecho, de la libertad y de la democracia”. Unos 106 días después de este “compromiso de honor”, haría fusilar a 33 personas sin causa formal ni debido proceso.

27 de julio de 1956, explota una bomba en el Templo Masónico de la calle Cangallo 1242. El Gran Secretario Alcibíades Lappas lo comunica a la afligida Gran Logia de Méjico con estas palabras: “Eso (la bomba) nos indica que estamos en la buena senda y debemos persistir.”

30 de julio de 1956, aparece el segundo trabajo de Jordán B. Genta intitulado La masonería y el comunismo en la revolución del 16 de septiembre de 1955 que, en verdad, no deja títere con cabeza.

30 de agosto de 1956, para trabajar juntos “en la gran Obra” se suscribe un acuerdo entre la Gran Logia Argentina y el Gran Oriente Federal (GOFA), se hacen mutuas concesiones para unir la Gran Familia Masónica, ya en perfecto acuerdo con la Gran Logia Unida de Inglaterra.

12 al 14 de octubre de 1956, en Concepción, Chile, tiene lugar la Segunda Convención Nacional de la Asociación de Centros Femeninos de la masonería, a la que concurre una delegación argentina de señoras. Casualmente entre las enlistadas encontramos a la señora Mirtha Legrand, que un año atrás se quejaba de haber sido perseguida por el Régimen Depuesto porque no se quiso poner el luto por Evita. ¿Se acordará de esto doña Mirtha? Porque están los diarios y las revistas que la pueden ayudar en su desmemoria senil.

12 de diciembre de 1956, el Gran Oriente Federal Argentino (GOFA) ofrece un banquete fenomenal a la Gran Logia Argentina para sellar “fraternalmente” esta unión que quedó homologada definitivamente en 1957.

10 de diciembre de 1956, tiene lugar en La Habana, Cuba (Batista era el Presidente de Cuba y ya llevaba 30 años de masón), la Séptima Conferencia Internacional de los Supremos Consejos del Rito Escocés de Antiguos y Aceptados Masones (REAAM). Concurren 18 países; no acuden 7 pero envías delegados, entre ellos Argentina por la muerte del Gran Comendador Fabián Onsari que mandó a un jovencito llamado Ernesto Sábato, alias Nunca Más y antes invitado a las comilonas de mediodía con el dictador Videla; 4 asistieron como oyentes por no haber sido reconocidos formalmente por la Gran Logia de Inglaterra y 3 enviaron sus representantes (entre ellos la República Española en el exilio). Al finalizar se determinó que la próxima Conferencia se realizaría en 1961. Casualmente en ese año quedaría finiquitado el tema Frondizi y se iniciaría el de los cohetes de Nokita Kruschev. Una casualidad.

15 de diciembre de 1956, Jordán Bruno Genta publica la primera parte de En defensa de la Ley y de la Patria. Evidentemente Genta les había declarado la guerra.

23 de abril de 1957, en la Tenida de “Confraternidad Masónica”, declarada en Asamblea, se cumple la incorporación definitiva del GOFA a la Gran Logia de la Masonería Argentina.

20 de diciembre de 1957, Jordán B. Genta publica la segunda parte de En Defensa de la Ley y de la Patria. Con este trabajo Genta termina de desnudar a los septembrinos de 1955. Pero no es el único que los denuncia; también lo hicieron Antonio Castro, Fermín Chávez, Atilio García Mellid, Federico Ibarguren, Julio Meinvielle, Carlos D. Viale, Hugo Wast, José María Rosa, Pedro de Paoli, etc.

14 al 20 de abril de 1958, en Chile se realiza la Cuarta Conferencia Interamericana de la Masonería, bajo la Presidencia del Gran Maestre de la Masonería chilena, Aristóteles Berlendis Sturla, bajo la Observancia de las Grandes Logias de Inglaterra y los EE. UU. Argentina estuvo representada por su Gran Maestre Agustín Álvarez (que se suicidaría 60 días después).

17 de junio de 1958, se suicida el Gran Maestre de la Gran Logia Argentina, Agustín Álvarez, degollándose con una tijera que su señora usaba para hacerse los vestidos. Antes de morir había dicho que su muerte no ocasionaría perjuicios a la secta, porque “otro era el que empuñaba el mallete”. Pero no dijo quién era ni dónde estaba. Y como don Agustín era la máxima autoridad masónica en el país, pienso que el Malletero Mayor debía residir en el extranjero. ¿Tal vez en Inglaterra, en la persona del Príncipe Consorte y Duque de Edimburgo que la viene manejando desde 1953?

01 de enero de 1959, sale editada la Masonic Guide and Calender (Distrito Sudamérica) de la masonería inglesa. Por ella nos enteramos que en 1951 había 26 logias masónicas inglesas en la Argentina, dependientes directamente de Inglaterra, a cargo del Gran Maestre James William Sharpes. En 1959 estas logias quedaron a cargo del Gran Maestre Reginaldo W. Haxell. La Logia “enlace” era la George Canning “que mancomuna a los hermanos elegidos de una y otra jurisdicción”. En esta Guía aparece la lista de todos los argentinos que servían fielmente a Su Majestad en la logias británicas de 1950 a 1958. ¿Qué papel jugaron estas logias en 1955? ¿Y el 2 de abril de 1982, de qué lado estaban?

28 de febrero de 1959, en una Pastoral el Episcopado Argentino condena a la masonería (esta condena de un Episcopado es, prácticamente, única en el mundo).

08 de marzo de 1959, el Gran Maestre Ian Drysdale publica como respuesta al Episcopado una lista de próceres argentinos que pertenecieron a la masonería. En realidad, de la extensa lista (que después hiciera suya Alcibíades Lappas en su libro La Masonería Argentina a través de sus hombres), solamente se queja un descendiente de Benjamín Gorostiaga acusándolo de mentiroso (en una solicitada en el diario La Nación). El resto no. Parece que don Drysdale tenía razón: decía la verdad. Drysdale también era presidente o integrante de un centenar de empresas (“La Familia Masónica”), que según la Guía de Sociedades Anónimas de 1959 tenían un capital que sobrepasada los 5.000 millones de pesos. El 80% de esta inmensa fortuna, según el mismo documento, se habría hecho a partir de 1956. ¡Qué suerte! Ahora díganme: ¿vale o no vale la pena ser masón? Si tengo ganas de salir a buscar una logia para afiliarme, ¿no le parece? Y usted lector, ¿qué dice que está tan callado?


Fuente: Agrupación aurora.

sábado, 19 de julio de 2008

El porque del anterior post

Ante todo este blog no tiene como objetivo subir textos así nomás por que si, sino el de dar a nuestro lector una perspectiva de lo que nosotros pensamos y opinamos que deberían interiorizarse los jóvenes nacionalistas que quieren hacer algo por su Patria y desenchufarse de la Matrix del sistema.

Si bien me he tomado un tiempo para dar las razones del anterior post aquí van:

Primero y principal confieso que estoy cansado del manoseo que se hace de la palabra peronista. Hoy se confiesan peronistas personajes tan diferentes como Menem, Duhalde, Grondona, De Narvaez, Kirchner, Lavagna, etc, etc, pareciera que la doctrina peronista es algo amorfo y maleable (cosa que no es así) con el que cualquiera boludo de cualquier tendencia política sistémica (derecha, izquierda, centro) se puede identificar. La onda es que cualquier persona puede ser peronista, pero peronismo hay uno solo, y esto es lo que se desvirtuó para así transformar al peronismo en una bolsa de gatos de todos los colores y tamaños… Ejemplificando esto podríamos decir algo tan boludo como que Menem es peronista de derecha, Lavagna de centro y Kirchner de izquierda… jaja! Pero el peronismo no es ni de derecha ni de izquierda es una ideologia netamente argentina con mucho contenido social, pero sin ser marxista, o sea, un socialismo nacional.

Por eso nada mejor que Perón para hablarnos de la doctrina que el creo, es por eso que subi este post con una breve explicación la doctrina peronista, una introducción a varios temas importartes (capitalismo, capitalismo de estado, poder supranacional, etc.) y de una autocritica sobre lo que hizo el peronismo en el poder para finalizar con lo que deberia ser la organización del estado en el futuro.

Lamentablemente el peronismo verdadero murió con el general Juan Domingo Peron. Sin embargo Peron con sus aciertos y errores nos lego la doctrina Nacional Justicialista de la que debemos nosotros los nacionalistas tomar lo mejor y llevarlo a la practica para poder lograr una Argentina políticamente soberana, económicamente independiente y socialmente justa!

Diego Hernan Martinez

martes, 15 de julio de 2008

Fundamentos de la doctrina Nacional Justicialista

FUNDAMENTOS DE LA DOCTRINA NACIONAL JUSTICIALISTA

Texto oficial - 1966

I - EL HOMBRE

El ser humano nace de la familia, grupo social básico que constituyen sus padres y del cual recibe la vida y cuidados de toda naturaleza. Se desarrolla en el seno de una Comunidad más amplia que se constituyó a lo largo de los siglos y que le proporciona la herencia del pasado, sin la cual no se diferenciaría de la fiera: no sólo los bienes materiales, sino también y sobre todo sus caracteres biopsíquicos y la civilización y cultura de su tradición.
De ahí que el hombre sea un animal social: depende de la sociedad que le da la vida y los medios de aprovecharla plenamente, conforme con su derecho natural de individuo. Tiene, por lo tanto, la obligación, no menos natural, de aportar a la Comunidad todo lo que es capaz de darle y, eventualmente, de sacrificarse por ella.
Sólo en el marco social el ser humano se realiza plenamente, mandando si tiene las cualidades requeridas, obedeciendo si lo necesita para afirmarse en grado máximo; pero nunca aceptando pasivamente la existencia. La Comunidad no es ningún rebaño: para progresar en toda la medida de lo posible, necesita que todos sus miembros, cada uno en el lugar que su capacidad le asigna, luchen constantemente. No se transforma la naturaleza con gozadores; no se vencen los obstáculos con cobardes. El heroísmo es la virtud primera del hombre. Vivir peligrosamente es vivir como ser humano; vivir tranquilamente es subsistir como vaca destinada al matadero. Los hombres Heroicos hacen los pueblos fuertes. Y sólo los pueblos fuertes hacen la historia.

II - LA COMUNIDAD

Natural o voluntariamente, el ser humano forma parte de distintos grupos sociales y asociaciones de naturaleza diversa, cada uno de los cuales tiene su orden propio que se opone en alguna medida al de los otros y que permanecen unidos, sin embargo, por vínculos de solidaridad más fuertes que sus antagonismos. El hombre es miembro de una familia, de un taller, de una parroquia, de un club deportivo, etc., fuera de los cuales no podría ni procrear, ni producir, ni rezar, ni divertirse. Las familias agrupadas en cierto territorio constituyen un municipio; varios municipios, una provincia; varias provincias, una nación. Y lo mismo ocurre, o debería ocurrir, con los demás grupos de función común.
La Comunidad se presenta, pues, como una pirámide de federaciones diferenciadas que desempeñan cada una su papel particular en el seno del organismo social. No se trata de un mero conglomerado, sino de un conjunto unitario que nace, se desarrolla y muere como un individuo. Surgida del pasado, la Comunidad crea su historia afirmándose en el presente por adaptación a condiciones de vida siempre cambiantes y se proyecta en el futuro con una masa de posibilidades que le corresponderá a ella hacer reales o rechazar en el olvido.
Para afirmarse cada vez más, la Comunidad nacional tiene que ser dueña de su destino. Esclavizada por una potencia extranjera o proletarizada por la finanza internacional, la nación no puede sino sobrevivir, humillada y explotada. Pero tampoco puede dar lo mejor de sí misma cuando una fracción de sus integrantes la gobierna en provecho propio o explota el trabajo ajeno. No hay Comunidad nacional sin soberanía política, independencia económica ni justicia social.

III - EL ESTADO

Los grupos federados que constituyen la Comunidad no sólo están destinados a coexistir, sino también a colaborar, en el sentido preciso de la palabra, como los miembros de una familia. Tienen que desempeñar cada uno su papel particular en el seno del organismo social. Sus funciones respectivas son complementarias. No se puede concebir una harmonización de tantas actividades diversas e interdependientes sin un orden jerárquico, que implica el mando. Es ésta la razón primordial por la cual toda Comunidad posee un órgano especializado en conducción política: el Estado. A él corresponde dar a la multiplicidad necesaria de los grupos y federaciones la unidad sin la cual no habría sino el caos.
Para conducir a la Comunidad, el Estado necesita conocerla, y no sólo en su realidad presente. No puede crear la historia sin saber de dónde vienen los elementos de que dispone, o sea sin aprehenderlos en su evolución. Para poder proyectar la intención histórica de la nación, el Estado debe interpretarla y, más aún, encarnarla.
También debe dar a las fuerzas internas del cuerpo social la unidad y continuidad que no poseen espontáneamente. De los grupos, asociaciones y comunidades intermedias surgen dinamismos que constituyen la “materia prima” de la duración comunitaria. Pero tales dinamismos tienden a desgastarse en antagonismos estériles que el Estado tiene que superar, haciendo que las fuerzas hostiles concurran a la afirmación nacional.

IV - LA SUBVERSIÓN BURGUESA

A fines del siglo XVIII o principios del XIX el orden social natural fue quebrado por un fenómeno patológico cuyas consecuencias seguimos padeciendo. Grupos marginales de la sociedad comunitaria, que se dedicaban al comercio de ultramar y, clandestinamente, al préstamo a interés, se habían enriquecido sin conseguir con ello más que comodidades materiales. Aspiraban al poder y, después de un largo proceso de subversión ideológica, lograron apoderarse del Estado francés y posteriormente, por la fuerza o la propaganda, de los demás Estados del mundo occidental.
La burguesía adaptó entonces a sus necesidades las estructuras del Estado, convirtiéndolo de órgano rector de la Comunidad en instrumento de su propia dominación. Pero las “fuerzas de ocupación” estaban divididas en numerosos grupos competidores, debido a su misma naturaleza mercantil. Con el fin de que ninguno de dichos grupos pudiera desplazar a los demás, la burguesía triunfante dividió al Estado en tres poderes autónomos e hizo depender los cargos públicos más importantes de un proceso electoral individualista. Cada grupo constituyó su propio partido. Reservado, en un primer momento, a los burgueses mediante el sufragio censal, el derecho de voto fue extendiéndose paulatinamente a medida que se conseguía adoctrinar al pueblo gracias al monopolio de los medios de difusión: escuela y prensa. Si una elección daba, a pesar de todo, resultados insatisfactorios, siempre se la podía anular.
Así quebradas su unidad y su continuidad, el Estado ocupado por la burguesía era sumamente débil. No podía, pues, tolerar la existencia de comunidades intermedias poderosas, a las cuales no estaba seguro de poder imponer su voluntad. De ahí que disolviera los gremios, avasallara la iglesia y hasta, en algunos países, dividiera las provincias históricas. Su meta era convertir al pueblo organizado en una masa de individuos aislados, “nacidos expósitos y destinados a morir solteros”, como dijo Renan. Pues, por débil que fuera, el Estado burgués siempre podía dominar a un rebaño de seres humanos indiferenciados. En nombre de una Libertad mítica e irreal, la burguesía se empeño en quitar al hombre los fueros y libertades de que gozaba anteriormente en virtud de su función. Y lo consiguió en gran medida.

V - EL CAPITALISMO

Con el régimen demoliberal, el dinero se convierte en la fuente exclusiva del poder. La disolución de los gremios y la legalización del préstamo a interés eliminaban todo obstáculo al enriquecimiento mediante la explotación del hombre por el hombre: del hombre pobre por el hombre rico; del productor al parásito.
Prometiendo a los demás la libertad política, la burguesía se aseguró la libertad económica, que utilizó para anular la primera. Pues la Libertad era indivisible, absoluta para todos: para el fuerte y para el débil, para el rico y para el pobre. O sea, como dijo Julio Guesde, para el zorro y para la gallina: ¿por qué la gallina se quejaría de que el zorro se la comiera si ella tiene plena libertad de tragarse al zorro?
Con su riqueza hasta entonces inutilizada, los burgueses abrieron manufacturas y el libre artesano de antaño se convirtió en un asalariado. No fue más dueño de sus herramientas ni del producto de su labor. Se limitó a vender su trabajo al capitalista, quien fijaba el precio en función de la “ley” de la oferta y de la demanda. Claro que el obrero tenía absoluta libertad de no aceptar el trato y en consecuencia, como también lo dijo Julio Guesde, de morirse de hambre.
Así se dividió la sociedad en clases: por un lado, el conjunto de los detentadores de los medios de producción, o sea, la burguesía capitalista; por otro, el conjunto de los asalariados, o sea, el proletariado; entre las dos, el conglomerado de todos aquellos que no revistaban en ninguno de los bandos, o sea, la clase media. Otrora estamental, vale decir funcional, la estratificación de la Comunidad se hacía económica: los explotadores, los explotados y, en el medio, los que no eran netamente ni lo uno ni lo otro.

VI - EL CAPITALISMO DE ESTADO

Carlos Marx preveía, a mediados del siglo pasado, que el capital se iría concentrando en un número de manos cada vez más reducido y que la clase media sería absorbida por el proletariado. Tales predicciones no se han cumplido en el mundo liberal. Por el contrario, los dueños del capital se han ido multiplicando y las clases medias se amplían constantemente, absorbiendo a sectores cada vez más importantes de la clase obrera. La minoría burguesa, que había sabido conquistar el poder a sangre y fuego en los decenios que siguieron a 1789, evidentemente ya no era la misma. Se había ablandado con la vida fácil y se manifestaba incapaz de llegar al soñado monopolismo integral.
De repente, en 1917 y en un país, Rusia, donde el capitalismo, embrionario, aún no había logrado imponerse, una minoría insurrecta, muy semejante por su composición a los jacobinos, se adueño del poder y, a través del Estado ocupado por ella, se convirtió en el único detentador–colegiado- de los medios de producción, de difusión y de represión. A lo largo de los años, esa minoría combatiente se fue transformando en una oligarquía tecnoburocrática cerrada, que supo realizar un capitalismo perfecto, evitando los escollos del liberalismo. Fuera de ella, sólo había proletarios indefensos, cuyos sindicatos no eran sino instrumentos de poder del Estado-patrón.
Entre el capitalismo liberal y el capitalismo estatal no existía, pues, -ni existe- otra diferencia que la que procede de distintos grados de cohesión y eficacia. Tal diferencia era más marcada que hoy en vísperas de la segunda guerra mundial. Desde aquel entonces, y especialmente en los últimos años, el sistema soviético se ha ido liberalizando hasta reintroducir el lucro y la competencia entre las empresas, mientras que el sistema liberal se iba endureciendo como consecuencia de la guerra, con intervención cada vez mayor del Estado en la conducción de la vida económica.

VI Bis - EL SINDICALISMO

No se podía esperar, por supuesto, que los asalariados aceptaran pasivamente la situación que se les imponía. Muy pronto, proletarios más conscientes y más valientes que los demás empezaron a organizarse para la lucha. No constituían sino una minoría ínfima, pero dura y decidida. Con un heroísmo digno de los tiempos homéricos, como muy bien dijo Jorge Sorel, supieron interpretar a la clase obrera y alzarse contra el sistema democapitalista. Como un ejercito en guerra, en medio de la incomprensión y, a menudo, de la hostilidad de sus compañeros de miseria, subieron al asalto del Estado burgués, con la única arma de que disponían: la huelga. Arma insuficiente, ésta, por cierto. Pues los patronos, dueños del poder comunitario, recurrieron a la policía y, de ser preciso, al Ejército. El sindicalismo revolucionario, como tal, fracasó.
Paradójicamente, los héroes de la lucha de clases consiguieron, sin embargo, una serie de victorias en el terreno en que menos las buscaban. Las huelgas aisladas –pues la misma condición proletaria nunca permitió llevar a cabo los grandes proyectos de huelga general- no inquietaban sobre manera al Estado burgués, pero sí perjudicaban a los patrones contra los cuales se hacías. Para quitar a los líderes revolucionarios el apoyo de la masa de los asalariados, basta con ceder ante sus reivindicaciones materiales y aumentar un tanto los salarios. Las condiciones de vida y de trabajo de los obreros empezaron así a mejorar. No faltaron entonces dirigentes sindicalistas para pensar que más valía abandonar un combate sin esperanza y negociar con la burguesía la incorporación pacífica del proletariado al sistema vigente, a cambio de ventajas cada vez mayores. Los héroes dejaron el lugar a mercaderes que sustituyeron la lucha por el regateo y la componenda. El sindicalismo reformista no representaba ningún peligro para la burguesía. Antes al contrario, garantizaba la permanencia del régimen demoplutocrático. Entonces, los sindicatos mediatizados fueron autorizados por ley, ya meros apéndices, ruidosos pero tranquilizadores, del sistema imperante.
Con el tiempo, la clase obrera de los países más industrializados se fue aburguesando. En cuanto a sus condiciones de vida, se diferencia muy poco, hoy en día, de las clases medias. Pero sus integrantes siguen siendo asalariados, subesclavos bien alimentados. Sus dirigentes han llegado a constituir una oligarquía capitalista, no sólo la buena vida, sino también, directa o indirectamente, el poder. Son empresarios como los demás, mancomunados como los demás para la defensa del sistema.

VII - EL PODER SUPRANACIONAL

El más craso error que se pueda cometer al estudiar el mundo de hoy es el de creer que capitalismo liberal y capitalismo estatal son enemigos irreconciliables. En realidad, no pasan de competidores, como podían serlos potencias demoliberales del siglo pasado. Rivalizan por el dominio de colonias y mercados, pero se encuentran solidarias cuando el sistema común está en peligro. Lo demostró a las claras la segunda guerra mundial como también, en nuestro país, el contubernio de liberales y comunistas en 1945 y 1955.
Más aún, todo parece indicar que existe, por encima de los bloques demoplutocrático y soviético, una potencia supranacional que los maneja a su guisa. Está probado que un consorcio bancario internacional subvencionó abundantemente a Trotsky en 1917. No fue, evidentemente, un hecho accidental. La gran finanza no tiene patria, sino solamente intereses. Guerra fría y conflictos localizados no son sino episodios de mutua conveniencia, que permiten a los Estados Unidos mantener a flote su tambaleante economía y a la Unión Soviética reforzar la tensión interna sin la cual su imperio correría serio peligro de desintegrarse. Lo más probable es que quienes atienden, en Washington y en Moscú, el teléfono que une la Casa Blanca al Kremlin hablen un mismo idioma, y que este idioma no sea ni el ruso ni el inglés.

VIII - EL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO

No faltaron, en el siglo XIX, grupos revolucionarios que se alzaran contra el poder burgués. Pero su enfoque del problema era parcial. Unos, salidos de las clases medias, luchaban por la liberación del Estado y, a través del Estado, de la Nación. Otros, formados en el seno del proletariado, buscaban liberar a la clase obrera de la opresión capitalista. No se daban cuenta que su enemigo era el mismo: la minoría burguesa que, dueña del poder político, avasallaba la Comunidad y explotaba a los productores. A menudo, por mutua incomprensión, nacionalistas y socialistas se enfrentaban, neutralizándose, debidamente incitados al efecto por agitadores a sueldo.
Para que la revolución auténtica se hiciera factible, fue preciso que los grupos nacionalistas tomaran conciencia de la opresión capitalista que ellos sufrían exactamente como el proletariado, y que los grupos obreros tomaran conciencia del avasallamiento de la Comunidad histórica por la oligarquía burguesa. Entonces sí surgieron movimientos revolucionarios nacionales que supieron realizar la síntesis del nacionalismo y del socialismo, del espíritu de tradición y del espíritu de revolución. Negando los antagonismos anticuados, estos movimientos constituyeron verdaderos Estados supletorios que se hicieron los instrumentos de la intención directriz de sus respectivas Comunidades.
Las revoluciones nacionales de nuestro siglo se realizaron en dos estadios. El primero consistió en la liberación del Estado de la ocupación burguesa, lo que implicaba la reestructuración funcional. El segundo, en la liberación de la Comunidad y, en especial, del proletariado, de la explotación económico-social que padecían, lo que implicaba la transformación total del sistema capitalista de producción y distribución. Lo segundo era más difícil de realizar que lo primero: la historia reciente lo prueba.

IX - LA REVOLUCION NACIONAL JUSTICIALISTA

En nuestro país, el proceso revolucionario se desarrollo de un modo un tanto diferente. El golpe militar del 4 de junio de 1943 ya había liberado el Estado, con un enfoque exclusivamente político, cuando surgió el peronismo, integrado por grupos nacionalistas civiles y por la gran masa obrera. El movimiento revolucionario no se había constituido, depurado ni fogueado en la lucha. Carecía de doctrina y de cuadros y hasta, dividido en partido y gremios, de unidad orgánica. No supo endurecerse ni unificarse desde el poder. Antes al contrario, cometimos el error de permitir –y a veces imponer- la afiliación indiscriminada al partido, debilitándolo así aun más. Sólo los gremios constituían una fuerza coherente, pero incompleta por su mismo carácter clasista.
Por otro lado, la revolución nacional justicialista estalló y se desarrollo en el momento internacional más difícil. Vencida en el país, la Unión Democrática dominaba el resto del mundo con el nombre de Naciones Unidas. La presión política y militar de los aliados había sido muy seria –en algunas oportunidades, irresistible- en los años anteriores y permanecia latente. Cambiar brutalmente las estructuras políticas y económicas hubiera sido considerado una verdadera provocación, con posibles consecuencias sumamente peligrosas para nuestra misma soberanía.
El Estado justicialista tuvo, por lo tanto, que actuar dentro del marco institucional creado por la oligarquía, o sea con instrumentos inadecuados a sus propósitos. Se limitó a dar un nuevo sentido a formas caducas. En el campo político, la mayoría electoral que lo respaldaba le permitió gobernar sin suprimir el régimen de partidos. En el campo económico, el macizo apoyo de los gremios le permitió instaurar la justicia social sin destruir el capitalismo. Sólo en los últimos tiempos de nuestra primera época de gobierno, un tanto relajadas las tensiones internacionales, pudimos empezar a quitarnos la careta. Las constituciones de La Pampa y El Chaco hicieron su lugar a la representación sindical y se socializaron algunas empresas. Pero, salvo estas pocas excepciones, por lo demás incompletas, la revolución nacional justicialista se limitó a eliminar efectos de causas estructurales que permanecían, constitucional y legalmente, en vigencia. Bastó, en 1955, un intrascendente golpe insurreccional para que el régimen demoliberal volviera a funcionar como si nada, o casi nada, hubiera cambiado desde 1943.

X - HOY: DOCTRINA Y MOVIMIENTO

Hay que aprender las lecciones de la batalla perdida. Muchos entre nosotros, pero no todos, han sabido hacerlo a través de diez años de persecución y de lucha. Sin embargo, nuestro movimiento sigue siendo gregario, cuando sólo las minorías operantes, expresión legítima del pueblo, son capaces de hacer revoluciones. Tenemos a millones de electores; no tenemos a los pocos miles de militantes organizados que nos son imprescindibles para dar victoriosamente el asalto al poder burgués.
No se puede organizar a fuerzas revolucionarias sin darles previamente la formación doctrinaria sin la cual no hay disciplina ni conciencia de los objetivos a alcanzar. Mucho se ha hecho, en los últimos años, para precisar las grandes líneas ideológicas del justicialismo. Nuestros historiadores revisionistas ya han ganado la batalla, en su campo, y la mitología liberal ya no engaña a nadie entre nosotros. Nuestros sociólogos y economistas han profundizado científicamente nuestra doctrina, especialmente en sus aspectos estructurales. Hoy, la Escuela Superior de Conducción Política del Movimiento está dando a esta tarea una orientación orgánica y normativa y empieza a formar nuestros militantes.
Queda por constituir, en el seno del Movimiento, una milicia combatiente que sepa encarnar, con espíritu heroico, al pueblo revolucionario todo, al margen de la estratificación clasista que nos impuso el capitalismo burgués y que sueñan en hacer perdurar los ideólogos marxistas, fieles a esquemas superados.

XI - MAÑANA: EL ESTADO COMUNITARIO

Volveremos, muy pronto, a liberar el Estado. No deberá, entonces, permanecer ningún resabio institucional de la ocupación burguesa. El Estado debe responder a nuestra realidad y a nuestras necesidades, no solamente en sus intenciones y sus obras, sino también en sus estructuras.
La nueva Constitución Justicialista asegurará la unidad y continuidad del Estado en la persona de su Jefe, situado por encima de los tres poderes institucionales. Garantizará una auténtica representación popular a través de las comunidades intermedias y cuerpos constituidos de la nación: provincias, gremios, Iglesia, universidades, fuerzas armadas, etc. Respetará y fomentará la autoconducción y los fueros de los grupos sociales y comunidades intermedias.
Así el Estado estará en condiciones de desempeñar satisfactoriamente sus funciones: todas sus funciones, y sólo sus funciones.
Esto supone, naturalmente, la supresión total y definitiva de los partidos políticos que constituyen los instrumentos del engaño demoliberal. Ni la Comunidad está hecha orgánicamente de partidos, ni una parte de la nación, en pugna con las demás, puede expresar validamente la intención histórica del todo, unitario y complejo a la vez. Sólo en Estado soberano, librado de la ocupación clasista y partidista, tiene por misión conducir a la Comunidad con vistas a su cada vez mayor afirmación.

XII - MAÑANA: LA EMPRESA COMUNITARIA

Considerada en su aspecto funcional, la empresa es una comunidad jerarquizada de productores, diversamente especializados, que aúnan esfuerzos para fabricar determinado artículo o prestar determinado servicio, valiéndose para ello de las herramientas o máquinas que impone la técnica moderna.
Considerada, por el contrario, en su aspecto legal, esta misma empresa no pasa, hoy en día, de ser un mero capital que compra máquinas, materias primas y trabajo. Pura ficción. Pues si con un golpe de varita mágica se suprimieran los dueños del capital, la empresa seguiría funcionando sin la menor perturbación, mientras que pararía y desaparecería si se eliminasen los productores.
No basta, por lo tanto, mejorar el nivel de vida del proletariado. No basta dar al productor el lugar que le corresponde en la Comunidad. No resuelve nada cambiar el capitalista sustituyendo la oligarquía burguesa por una oligarquía burocrática. Lo que hace falta es suprimir el salariado, devolviendo a la empresa, aprehendida en su realidad orgánica, la posesión y, de ser posible, la propiedad de su capital, así como la libre disposición del fruto de su trabajo.
Cualquier ente social –individuo, grupo o comunidad- tiene el derecho natural de poseer los bienes que le son imprescindibles para subsistir y realizarse plenamente. El municipio, por ejemplo, tiene naturalmente derecho a la propiedad de la vía pública o de la red de alumbrado. El municipio en sí, no la suma de sus habitantes. Cuando alguien viene a instalar en una ciudad, no tiene que comprar su parte de calle ni de usina; ni la vende cuando se va. La empresa es también un ente social independiente de sus integrantes individuales del momento. Es ella la que tiene que ser dueña de su capital, al que encontrará y usufructuará el productor entrante y dejará para su sucesor el productor saliente. Esto vale tanto para la empresa industrial como para la empresa agropecuaria. Los reformistas pequeños burgueses que quieren lotear las unidades orgánicas de nuestro campo fomentan el minifundio y la miseria. La tierra debe ser de quienes la trabajan, como las máquinas de quienes trabajan en ellas. Tal principio no supone, en absoluto, el parcelamiento de la propiedad de los instrumentos de la producción, sino la supresión de las propiedad individualista de bienes que otros –individuos o grupos- necesitan. O sea la supresión del parasitismo en todas sus formas.
Eliminado el parasitismo capitalista, las clases desaparecerán ipso facto. No habrá más burgueses ni proletarios, sino productores funcionalmente organizados y jerarquizados en sus empresas.
El gremio perderá entonces el carácter clasista que le ha impuesto una lucha necesaria cuya responsabilidad no lleva y volverá a convertirse en una federación de empresas comunitarias, con el patrimonio asistencial que necesita y los poderes legislativos y judicial que definirán sus fueros. En cada gremio, un banco distribuirá el crédito entre las empresas, dentro del marco de la planificación y conducción económica del Estado Nacional.
La revolución justicialista no busca, pues, llegar a una componenda entre capitalismo individualista y capitalista estatal, ni “mejorar las relaciones entre capital y trabajo”. Repudia íntegramente cualquier forma de explotación del hombre por el hombre y quiere volver, en todos los campos, al orden social natural. Es éste el sentido de nuestra TERCERA POSICIÓN.

Escuela Superior de Conducción Política del Movimiento Nacional Justicialista

Decano: Tte. Gral. JUAN PERON

DEPARTAMENTO DE DIFUSIÓN ESCUELA CENTRAL